martes, enero 27, 2026
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Súper asesores reciclados y deuda multimillonaria: Huacho repite el libreto de Vila y encendió las alarmas en Yucatán

A casi un año, de iniciada la nueva administración, funcionarios y observadores políticos empiezan a confirmar lo que era un secreto a voces: el proyecto de Joaquín “Huacho” Díaz Mena no sólo conserva las formas del pasado reciente, sino que estaría replicando —punto por punto— el mismo modelo financiero, discursivo y operativo del gobierno anterior.

Aunque el discurso oficial se arropa con retórica guinda, cada vez es más evidente para sectores políticos y empresariales que los verdaderos operadores detrás del llamado “Huachibom” son los mismos asesores transexenales que movieron los hilos del poder durante el vilismo.
Solo que ahora, con camisa guinda.

La discusión se reavivó luego de que trascendieran movimientos y alineamientos políticos que han generado sorpresa, especialmente por el papel de figuras que, hasta hace unos meses, mantenían distancia con el nuevo gobierno.
Aunque las versiones sobre acuerdos políticos recientes corren como pólvora en los pasillos, lo que realmente encendió el debate es que el nuevo gobierno estaría calcando la estructura de decisiones del panismo, solo que bajo una estética morenista.

Los círculos políticos señalan lo mismo:
las decisiones estratégicas no se están tomando en un nuevo proyecto, sino bajo la tutela del mismo grupo de asesores que ha sobrevivido sexenio tras sexenio, adaptándose al color del momento.

Primer golpe al erario: un adeudo que abre grietas

El episodio más delicado surgió ayer, cuando el Congreso del Estado recibió el paquete fiscal 2026 con una sorpresa: un adeudo inicial de 1,500 millones de pesos solicitado por la administración de Huacho Díaz Mena.

La lectura ha sido inmediata:
el nuevo gobierno está siguiendo la misma ruta de endeudamiento que Vila, pero en tiempo récord.

Sumado a la deuda heredada, este primer empréstito llevaría la deuda pública de Yucatán a superar los 10,000 millones de pesos, una cifra que no solo prende focos rojos, sino que contradice el discurso de transformación financiera que Morena prometió en campaña.

Mientras en el discurso se habla de cambio, justicia social y un gobierno para el pueblo, la operación técnica se parece demasiado a lo ya visto:
• Los mismos asesores financieros.
• Los mismos argumentos para justificar deuda.
• La misma estructura de comunicación y control narrativo.
• La misma fórmula de pedir crédito temprano “para no afectar el presupuesto operativo del año”.

Pero ahora, bajo la bandera del “nuevo rumbo”, el guion se ejecuta con un matiz peculiar:
continuidad total, con vestuario guinda.

Para analistas consultados, el mayor costo político no es el empréstito en sí, sino la confirmación de que el proyecto de Huacho se está construyendo con alianzas que, hasta hace poco, parecían impensables.
En Yucatán, donde la clase política se conoce de memoria, la reconfiguración de lealtades siempre deja señales claras.

El mensaje que está quedando en el aire es contundente:
la transformación prometida se está desdibujando entre viejos pactos, asesores reciclados y una deuda que golpeará de lleno las finanzas del estado.

A casi un año, de iniciada la nueva administración, funcionarios y observadores políticos empiezan a confirmar lo que era un secreto a voces: el proyecto de Joaquín “Huacho” Díaz Mena no sólo conserva las formas del pasado reciente, sino que estaría replicando —punto por punto— el mismo modelo financiero, discursivo y operativo del gobierno anterior.

Aunque el discurso oficial se arropa con retórica guinda, cada vez es más evidente para sectores políticos y empresariales que los verdaderos operadores detrás del llamado “Huachibom” son los mismos asesores transexenales que movieron los hilos del poder durante el vilismo.
Solo que ahora, con camisa guinda.

La discusión se reavivó luego de que trascendieran movimientos y alineamientos políticos que han generado sorpresa, especialmente por el papel de figuras que, hasta hace unos meses, mantenían distancia con el nuevo gobierno.
Aunque las versiones sobre acuerdos políticos recientes corren como pólvora en los pasillos, lo que realmente encendió el debate es que el nuevo gobierno estaría calcando la estructura de decisiones del panismo, solo que bajo una estética morenista.

Los círculos políticos señalan lo mismo:
las decisiones estratégicas no se están tomando en un nuevo proyecto, sino bajo la tutela del mismo grupo de asesores que ha sobrevivido sexenio tras sexenio, adaptándose al color del momento.

Primer golpe al erario: un adeudo que abre grietas

El episodio más delicado surgió ayer, cuando el Congreso del Estado recibió el paquete fiscal 2026 con una sorpresa: un adeudo inicial de 1,500 millones de pesos solicitado por la administración de Huacho Díaz Mena.

La lectura ha sido inmediata:
el nuevo gobierno está siguiendo la misma ruta de endeudamiento que Vila, pero en tiempo récord.

Sumado a la deuda heredada, este primer empréstito llevaría la deuda pública de Yucatán a superar los 10,000 millones de pesos, una cifra que no solo prende focos rojos, sino que contradice el discurso de transformación financiera que Morena prometió en campaña.

Mientras en el discurso se habla de cambio, justicia social y un gobierno para el pueblo, la operación técnica se parece demasiado a lo ya visto:
• Los mismos asesores financieros.
• Los mismos argumentos para justificar deuda.
• La misma estructura de comunicación y control narrativo.
• La misma fórmula de pedir crédito temprano “para no afectar el presupuesto operativo del año”.

Pero ahora, bajo la bandera del “nuevo rumbo”, el guion se ejecuta con un matiz peculiar:
continuidad total, con vestuario guinda.

Para analistas consultados, el mayor costo político no es el empréstito en sí, sino la confirmación de que el proyecto de Huacho se está construyendo con alianzas que, hasta hace poco, parecían impensables.
En Yucatán, donde la clase política se conoce de memoria, la reconfiguración de lealtades siempre deja señales claras.

El mensaje que está quedando en el aire es contundente:
la transformación prometida se está desdibujando entre viejos pactos, asesores reciclados y una deuda que golpeará de lleno las finanzas del estado.

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