Hay historias que no solo huelen mal: apestan. Y la que rodea al enfermero Miguel Ángel Moreno Camelo es una de ellas. No es un simple chisme de pasillo ni una intriga menor: es la historia clásica del oportunista que se pega al poder, exprime al líder hasta el último aliento y luego se lanza sobre los restos.
Porque lo que hoy se comenta en el ámbito sindical de la salud no es una disputa familiar ni un pleito de herencia. Es peor. Ni siquiera eran familia, pero actuaron como si la casa, los bienes y hasta la memoria del Dr. Eulogio Piña Briceño les pertenecieran por derecho divino.
Las versiones que circulan —y que nadie ha desmentido hasta hoy— hablan de un saqueo descarado en 2022: la casa del exdirigente sindical en Cholul habría sido vaciada sin pudor, hasta los objetos más básicos, como si se tratara de rapiña tras un naufragio. Y como suele ocurrir en estas historias miserables, el botín no se perdió: señalamientos directos apuntan a una quinta, propiedad vinculada con Miguel Ángel Moreno Camelo.
Pero si algo retrata el nivel de desvergüenza es el gesto simbólico: presumir una soguilla de oro con un dije de cocodrilo que, según quienes conocieron al doctor Piña, le pertenecía a él. No es un accesorio. Es un mensaje. La ostentación del despojo, el trofeo del saqueador que se siente intocable.
Quienes conocieron de cerca al exlíder sindical coinciden en algo inquietante: Moreno Camelo y su grupo lo tenían cercado. No dejaban pasar a nadie. Ni compañeros. Ni colaboradores. Ni siquiera a su familia. El líder enfermo, aislado; los “leales”, administrando accesos, decisiones y —según múltiples señalamientos— negocios tan turbios como la venta de plazas, ese cáncer histórico del sindicalismo que todos condenan en público y practican en privado.
Y aquí está la parte más repugnante: Moreno Camelo llegó hasta ahí gracias al respaldo político del propio Dr. Piña. Aun así, no le guardó respeto ni en vida ni en muerte. Ni gratitud. Ni decencia. Nada.
El silencio actual del enfermero no es prudencia: es soberbia. Es la confianza de quien cree que el poder sindical es un escudo eterno y que la memoria de los muertos no reclama cuentas.
Pero las reclama.
Y las reclama la base trabajadora, harta de zánganos del poder, de chupa sangre del sindicalismo, de personajes que confunden cercanía con patente de corso para robar, aislar y humillar.
Si algo queda claro es esto: el mayor daño al sindicalismo no viene de fuera, sino de dentro, de quienes se visten de compañeros y actúan como depredadores, como lo demostró cuando fungió como Secretario de Organización del SNTSA.
La pregunta ya no es qué pasó.
Si en el sexenio panista de Mauricio Vila Dosal recibió todo el respaldo de Roger Torres Peniche y hoy, en el Renacimiento Maya tiene el apoyo total de su padrino Domitilo Carballo Cámara, Director de Regularización Sanitaria, la pregunta es ¿quién se atreverá a investigarlo y quién seguirá callando para volverse cómplice?
Carroñeros del poder: Miguel Ángel Moreno Camelo y la rapiña tras la muerte del Dr. Piña


