La Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (Sedeculta) atraviesa uno de sus momentos más complicados, luego de que la renuncia de uno de sus principales funcionarios desatara una ola de críticas y peticiones de cambio en la dependencia. La comunidad artística local exige la salida de la titular Patricia Martín Briceño, a quien acusan de opacidad, falta de diálogo y abandono de los proyectos culturales estatales.
En redes sociales, el descontento es palpable. Incluso, han rebautizado a la dependencia como #Tesepulta, en un juego de palabras que refleja la percepción de estancamiento y deterioro en el sector cultural bajo la actual gestión.
No solo se exige la salida de Martín Briceño, sino que ya comienzan a circular nombres de posibles sucesores. Entre los perfiles que la comunidad artística propone se encuentran el de Roger Metri Duarte, exsecretario de Cultura con amplia trayectoria en la gestión pública, y Carlos Bojórquez Urzaiz, reconocido promotor cultural y académico.
Ambos nombres representan, para muchos, la esperanza de un cambio real y de un regreso a políticas culturales inclusivas y transparentes. En contraste, el gobierno estatal, encabezado por Joaquín Díaz Mena, ha mantenido hasta ahora un silencio absoluto, lo que solo ha alimentado la presión y las especulaciones.
El descontento tomó fuerza tras la salida de Felipe Zúñiga González, quien hasta hace poco se desempeñaba como director de Desarrollo Artístico y Cultural de Sedeculta y uno de los principales apoyos de la actual secretaria. En su lugar fue nombrado Pablo Herrero, exdirector del teatro “Daniel Ayala”, en un movimiento que no logró apaciguar las críticas.
La salida de Zúñiga se interpretó como un síntoma claro de las tensiones internas y de la falta de rumbo en la dependencia. Los colectivos culturales y artistas independientes acusan que los proyectos estatales han quedado en el abandono y que las políticas públicas no priorizan el desarrollo artístico real.
Las críticas a Martín Briceño han llegado incluso a comparaciones poco halagadoras. El alcalde de Tizimín, Pedro Couoh, ironizó recientemente señalando que “no es lo mismo ser cantinero que ser borracho”, en referencia a la propietaria de la cantina “La Negrita” y su falta de experiencia para encabezar una institución cultural de tal magnitud.
El comentario sintetiza el sentir de buena parte del sector: que no basta con dirigir un negocio socialmente exitoso para entender las complejidades y necesidades del arte y la cultura en Yucatán.
Con el malestar creciendo y los reclamos haciéndose públicos, el nuevo gobierno enfrentará el reto de renovar la dirección de Sedeculta para recuperar la confianza del gremio artístico. La decisión no será sencilla, pero de ella dependerá en buena parte el respaldo de un sector que históricamente ha sido un pilar importante en la vida pública y social del estado.
Por ahora, en los pasillos culturales y en las redes sociales, el mensaje es claro: la actual administración de Sedeculta está reprobada, y su renovación es vista como una prioridad inaplazable.


