La comunidad maya de Yaxhachén amaneció de luto tras confirmarse el fallecimiento de Bacila Tzec Uc, considerada la última partera tradicional del poblado y una de las figuras más queridas y respetadas del sur de Yucatán. Su partida, ocurrida la noche de este miércoles, marca no solo el fin de una vida profundamente entregada al servicio comunitario, sino también el cierre de un linaje de sabiduría ancestral que durante generaciones sostuvo la identidad cultural de la región.
Durante décadas, Bacila fue mucho más que una partera: fue consejera, sanadora y acompañante espiritual. Su trabajo no se limitaba a recibir nuevas vidas, sino que abarcaba la contención emocional, la medicina tradicional y el acompañamiento a las familias en momentos decisivos. Para muchas mujeres de Yaxhachén, su presencia representaba seguridad, calma y continuidad de una tradición que ha sobrevivido únicamente gracias a la transmisión oral entre mujeres mayas.
Su labor fue reconocida más allá de su comunidad. En 2023, la directora Amanda Strickland retrató su historia en el documental Jats’uts Meyah (“hermosa labor”), donde Bacila compartió pensamientos que hoy se leen como despedida y legado. En una de sus reflexiones más recordadas, expresó:
“He vivido muchas cosas, algunas tristes, pero también momentos felices en esta tierra… si muero estaré feliz, y si no muero también estaré feliz.”
Estas palabras, de profunda serenidad, revelan la filosofía que siempre la acompañó: aceptar la vida y la muerte como parte de un mismo camino.
El aporte cultural de Bacila Tzec Uc trasciende su oficio. Representó la resistencia de los saberes mayas ante la modernización acelerada. Con sus manos y conocimientos transmitidos por generaciones, sostuvo prácticas consideradas hoy patrimonio cultural: el uso de plantas medicinales, el manejo tradicional del embarazo y el parto, y una visión del bienestar arraigada en la comunidad y la conexión con la naturaleza.
En Yaxhachén, su ausencia deja un vacío difícil de llenar. Vecinas, familiares y madres a quienes acompañó la recuerdan como una mujer humilde, fuerte y generosa, cuya presencia marcó a cientos de familias. En Oxkutzcab, su nombre se volvió sinónimo de identidad y arraigo, una figura que unía la memoria colectiva con las nuevas generaciones.
Hoy la comunidad no solo llora su partida: la celebra. Honra la manera en que vivió, la sabiduría que compartió y el amor con el que atendió cada nacimiento. Su legado seguirá vivo en cada niña y niño que recibió entre sus manos, en cada historia que tocó y en cada hogar que sintió la calidez de su guía.
La luz de Bacila Tzec Uc, aunque ya no visible, permanecerá encendida en el corazón de su pueblo, como testimonio de la fuerza de la tradición y del valor de quienes dedican su vida a cuidar la vida de los demás.


