La política yucateca ha dejado de ser un tablero de convicciones para convertirse en un mercado de utilidades. La reciente renuncia de Hiselle Díaz del Castillo, exalcaldesa de Conkal, a las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para sumarse a Morena, ha sacudido las estructuras locales, dejando tras de sí una estela de rumores y señalamientos.
La “mano negra” en la Casa del Pueblo
En los pasillos de la Casa del Pueblo, el nombre del senador Rolando Zapata Bello resuena con fuerza. Militantes y analistas sugieren que este movimiento no es una decisión aislada de Díaz del Castillo, sino una maniobra quirúrgica orquestada desde las sombras por el exgobernador.
Según fuentes internas, el objetivo de esta “mudanza” política no sería fortalecer a la 4T, sino ejecutar un golpe mediático directo contra la dirigencia estatal del PRI, encabezada por Gaspar Quintal Parra. Más que una suma de votos para Morena, la operación se percibe como un espectáculo diseñado para debilitar la imagen del tricolor en un momento crítico.

¿Limpieza de temporada o fuga de cuadros?
Irónicamente, la salida de la exalcaldesa ha sido recibida por algunos sectores priistas con un extraño optimismo. Bajo una narrativa que comparan con el mito del Flautista de Hamelín, aseguran que las acciones atribuidas a Zapata Bello están provocando un éxodo que, lejos de perjudicar, “limpia” las oficinas del partido.
“Se marchan los que buscan utilería, no proyectos”, comentan voces dentro del PRI, quienes ven en esta desbandada una oportunidad para renovar los cuadros que aún permanecen leales a las siglas.
Entre el reality show y la realidad
Lo cierto es que la política local parece mimetizarse cada vez más con un reality show. Mientras las fichas se mueven por ratings y golpes de efecto, la ciudadanía observa desde la grada un teatro donde las camisetas se cambian con la misma facilidad con la que se lanzan filtraciones. El destino de los que emigran sigue siendo incierto, pero la función, dirigida por hilos invisibles, apenas comienza.


