La apertura del Puente Nichupté vuelve a posponerse. La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) reconoció que la condición cavernosa del fondo de la Laguna Nichupté ha obligado a reforzar la estructura antes de su conclusión, luego de detectarse hundimientos en pilotes y pilas de cimentación, particularmente en el tramo de mayor altura del viaducto.
De acuerdo con la dependencia, el problema se localiza en la zona conocida como “La Joroba”, el punto más alto del puente piloteado, donde la estructura alcanza hasta 15 metros de altura. En este sector, la baja capacidad de carga del lecho lagunar provocó movilidad en algunos elementos, lo que derivó en la colocación de pilotes adicionales para garantizar la estabilidad de la obra.
Los trabajos correctivos, que originalmente estaban programados para realizarse en un plazo de 15 días, se han extendido ya por cuatro meses, convirtiéndose en uno de los principales factores del nuevo retraso. La propia SICT admite que se trata del tramo técnicamente más complejo del proyecto y, al mismo tiempo, el que mayores recursos públicos ha absorbido.
El impacto financiero ha sido notable. El costo del Puente Nichupté ya ronda los 10 mil millones de pesos, casi el doble de los 5 mil 580 millones presupuestados originalmente. Con ello, la obra se ha convertido oficialmente en la más cara y una de las más prolongadas en la historia reciente de Quintana Roo, superando con creces las estimaciones iniciales tanto en tiempo como en presupuesto.
En entrevista radiofónica, Guido Mendiburu Solís, representante de la SICT en el estado, aseguró que el puente no representa un riesgo para los futuros usuarios, aunque reconoció que el hecho de haberse construido sobre suelo calizo cavernoso ha generado hundimientos puntuales que ahora deben ser atendidos mediante nuevas intervenciones estructurales.
Cabe recordar que los primeros indicios de hundimiento en pilotes se detectaron desde 2024, cuando la obra ya había sufrido un retraso significativo tras el hallazgo de un cenote de entre 70 y 90 metros de profundidad. Este descubrimiento obligó a modificar el proyecto original y a construir un puente metálico adicional de 103 metros de longitud, lo que incrementó aún más los costos y el tiempo de ejecución.
A pesar de los constantes ajustes, el avance físico de la obra refleja un ritmo cada vez más lento. Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, el progreso apenas pasó del 92 % al 93 %, confirmando que el último 7 % se ha convertido en el tramo más caro, más lento y más complejo de todo el proyecto.
El Puente Nichupté estaba programado originalmente para entrar en operación en abril de 2024. Sin embargo, con los nuevos retrasos, su apertura podría concretarse hasta dos años después, consolidándose como una obra marcada por sobrecostos, refuerzos constantes y modificaciones técnicas, y dejando en el debate público la planeación, supervisión y viabilidad de uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos —y polémicos— del sureste mexicano.


