La narrativa de unidad que Morena ha intentado sostener en Yucatán comienza a mostrar signos evidentes de desgaste. En los últimos días ha vuelto a circular con fuerza la versión sobre la posible renuncia de Rogerio Castro Vázquez como delegado federal de la Secretaría del Bienestar en el estado, un rumor que, lejos de ser aislado, se inserta en un contexto de reacomodos y rupturas internas dentro del partido en el poder.
De acuerdo con fuentes del ámbito político, la eventual salida de Castro estaría vinculada con sus presuntas diferencias con Ariadna Montiel, secretaria del Bienestar a nivel federal. De confirmarse, el hecho marcaría un nuevo episodio de fricción entre la dirigencia nacional y operadores estatales, una dinámica que Morena ha enfrentado en diversas entidades y que ahora parece replicarse en Yucatán.
Silencios que pesan
Hasta el momento, no existe postura oficial. Ni Rogerio Castro ni su coordinador de prensa, Plinio González, han respondido a llamadas ni solicitudes de información, un mutismo que en política suele interpretarse como señal de negociación, desgaste o ruptura en curso.
Este silencio, lejos de cerrar el tema, ha intensificado las especulaciones, especialmente en un momento en el que Morena atraviesa un proceso interno de redefinición de liderazgos y control territorial rumbo a los siguientes ciclos electorales.
Un desgaste anunciado
Las versiones sobre la salida de Castro no surgieron de manera repentina. Desde finales de 2025, diversos actores políticos advertían sobre un desgaste progresivo del delegado del Bienestar, así como de tensiones al interior de la estructura federal en Yucatán, donde las decisiones estratégicas comenzaron a generar incomodidad entre distintos grupos del propio movimiento.
El regreso de este rumor confirma que los conflictos no fueron resueltos, sino postergados, y que hoy resurgen con mayor fuerza en un escenario político cada vez más fragmentado.
Morena y el reto de la cohesión
La salida de Rogerio Castro representaría algo más que un simple cambio administrativo. Para Morena en Yucatán, significaría la confirmación de que la cohesión interna se debilita y los equilibrios construidos en años recientes comienzan a romperse bajo el peso del poder, las diferencias internas y la lucha por posiciones estratégicas.
Mientras el partido insiste en proyectar estabilidad, los hechos apuntan a un panorama distinto: lazos políticos tensados, alianzas en revisión y una estructura que ya no opera con la misma sincronía.
El futuro de la delegación del Bienestar permanece en la incertidumbre, pero el mensaje político es claro: Morena en Yucatán enfrenta una etapa de fracturas internas que ya no puede ocultar.


