Tardó dos semanas. Catorce días de silencio absoluto antes de salir a “aclarar” lo que un medio nacional ya había documentado: que Jorge Carlos Ramírez Marín es uno de los mayores concentradores de concesiones de agua en todo México. No lo desmintió de inmediato porque, simplemente, no podía.
El senador yucateco del Partido Verde terminó aceptando lo inevitable: es titular de dos concesiones que suman 625 mil 080 metros cúbicos de agua, un volumen obsceno en un país donde comunidades enteras carecen del recurso más básico para vivir.
La nota lo colocó por encima incluso de otros políticos de la llamada 4T en concentración de agua. Y mientras la indignación pública crecía, Ramírez Marín guardó silencio. ¿Por qué? Todo indica que sus asesores buscaban una coartada presentable, una narrativa que maquillara el hecho central: sí, acapara agua.
Cuando por fin habló, no fue ante la prensa ni dando la cara en un espacio público. Prefirió la zona de confort de sus redes sociales. Ahí, sin preguntas incómodas, sin periodistas, sin contraste. Ahí donde los bots aplauden y la crítica no existe.
En su video, el eterno funcionario público se dijo “indignado” y se presentó como víctima de la oposición. No negó las concesiones. No explicó por qué necesita tal volumen. No habló del contexto de crisis hídrica. Solo se quejó de cómo se difundió la información.
Dice que el agua es “para su rancho” en Motul. Como si eso lo hiciera menos grave. Como si privatizar y concentrar un recurso vital fuera un detalle menor. Como si 625 mil metros cúbicos fueran poca cosa.
Durante esas mismas dos semanas, Ramírez Marín desapareció de la vida pública. Ningún evento. Ninguna entrevista. Ningún espacio donde la prensa pudiera cuestionarlo directamente. El silencio como estrategia. La evasión como reflejo.
Y aun así, pretende venderse como opción para gobernar Mérida. ¿Con qué autoridad moral alguien que concentra agua puede aspirar a dirigir una ciudad que tarde o temprano enfrentará estrés hídrico? ¿Qué garantía hay de que no vea el agua como botín político?
Lo verdaderamente indignante no es la nota periodística, sino el fondo del asunto: más de 30 años viviendo del erario, transitando cómodamente del PRI al Verde, exsecretario de Estado con Enrique Peña Nieto, hoy reciclado como “víctima” cuando los datos lo exhiben.
No es persecución. No es ataque. Es información.
Y por más que le incomode, el agua que acapara no se evapora con un video ni con aplausos comprados.


