Por: Santiago Cid.
Así como desnudamos cómo una mafia de oportunistas secuestró a Morena en Yucatán, para que ese atraco ocurriera, necesitó de un cómplice indispensable en la acera de enfrente: la entrega calculada, el despotismo interno y la prostitución ideológica que sufrió el Partido Acción Nacional (PAN) a manos del exgobernador Mauricio Vila Dosal y su camarilla.
Para entender el tamaño de la traición actual, hay que recordar de dónde viene el panismo yucateco. El PAN no nació para ser una franquicia de negocios inmobiliarios ni un club de contratistas; nació en 1939 bajo el llamado de Manuel Gómez Morín a “mover las almas” contra la corrupción del régimen hegemónico, cimentado en la doctrina de Efraín González Luna sobre la dignidad de la persona humana y el Bien Común, y forjado en lo que el ilustre yucateco Carlos Castillo Peraza llamó la “brega de eternidad”: un pensamiento cívico que exigía eficiencia administrativa, rendición de cuentas e intransigencia absoluta frente al robo del erario.

En Mérida y en Yucatán, el PAN se escribió con sangre, sudor y dignidad. Fue el partido de Víctor Manuel Correa Rachó, quien en 1967 le arrebató Mérida al sistema priista y, cuando el gobierno le cortó el presupuesto para doblarlo, sacó a los ciudadanos y militantes a barrer las calles y sostener el Ayuntamiento con sus propias manos. Fue el partido de las huelgas de hambre, de la resistencia civil de los años noventa con Ana Rosa Payán Cervera y Patricio Patrón Laviada, de miles de hombres y mujeres que enfrentaron el garrote, sin pedir un peso a cambio, solo por el orgullo de tener gobiernos limpios y honestos.
¿Dónde quedó ese PAN? Mauricio Vila Dosal lo contaminó.
Durante seis años, Vila ejerció un gobierno profundamente déspota hacia su propia militancia. En lugar de honrar el legado democrático del panismo y construir un partido fuerte, abierto y ético, Vila decidió “prianizar” al PAN. A través de su operador político, Roger Torres Peniche, secuestró el padrón partidista, cerró las puertas a los ciudadanos libres y utilizó los programas sociales y el presupuesto público como garrote para someter, excluir y sabotear a los verdaderos panistas de cepa que estorbaban a sus negocios personales.

El error histórico del panismo fue callar mientras Vila copiaba exactamente los métodos del viejo PRI de los años setenta. El exgobernador cambió la doctrina por la chequera; sustituyó a los liderazgos doctrinales por una corte de empresarios voraces —los mismos que se enriquecieron en el sexenio priista de Rolando Zapata Bello, encabezados por el clan de los Millet— y convirtió la administración pública en una sociedad anónima.
Hoy existen todos los indicios de que la gubernatura de Yucatán en 2024 no se perdió: se negoció y se entregó. Vila pactó su salida dorada hacia la impunidad del Senado utilizando como intermediarios a esos mismos barones del dinero que financiaron su sexenio y que hoy integran el inconstitucional “Gobierno Paralelo” que manda por encima de Huacho Díaz Mena. Los mismos mecenas empresariales de Vila son los que hoy saquean el estado bajo las siglas de Morena.
Pero la traición no terminó en 2024. Hoy, desde las sombras, Mauricio Vila, Roger Torres y el clan Millet operan para volver a secuestrar y vender al PAN rumbo al 2027 y al 2030.

Viendo que la alcaldesa de Mérida, Cecilia Patrón Laviada, representa la candidatura natural y el último bastión de competitividad real del panismo, este grupo mafioso busca arrinconarla. Pretenden aplicarle exactamente el mismo guion que hoy asfixia a Morena: usar el dinero sucio desviado del erario y de los programas públicos para sembrar candidatos subordinados a su clan, infiltrar las planillas a espaldas de la militancia e imponerle a Cecilia Patrón un “Gobierno Paralelo” por adelantado. La chantajean desde dentro y desde fuera para obligarla a entregar el control del partido y del futuro gobierno a los intereses más oscuros que buscan perpetuarse en Yucatán.
¡Es hora de que la militancia del PAN y la sociedad meridana despierten de su letargo!
¿Dónde quedó el PAN que exigía auditorías implacables, que denunciaba el desvío de recursos y que jamás pactaba en lo oscurito con gobiernos corruptos? Adoptar las mañas del PRI, tolerar el despotismo de Vila y entregarle el partido a mercenarios como Roger Torres y a mecenas como los Millet no hizo al PAN más competitivo; lo puso de rodillas y al borde de la extinción moral.
Si los panistas de verdad —los que caminaron las colonias sin cobrar sueldo, los herederos de Correa Rachó y de la resistencia civil— siguen guardando un silencio cobarde, verán cómo su partido vuelve a ser vendido al mejor postor en la mesa de los hermanos López, los Millet y Mauricio Vila.
Gómez Morin advirtió hace casi un siglo que el deber mínimo es “no dejarse engañar”. Hoy el llamado para la base panista y para la ciudadanía de Mérida es urgente: o sacuden al partido, expulsan a los mercaderes que lo entregaron en 2024 y blindan su casa contra el Gobierno Paralelo, o pasarán a la historia por haber permitido que un puñado de traidores apagara para siempre la llama de la dignidad cívica en Yucatán.
Santiago Cid.

