Mi nombre es David Shair Medina. Soy trabajador por contrato de la Secretaría de Salud de Yucatán (SSY) desde hace 14 años. Durante todo este tiempo he cumplido con mi trabajo, esforzándome día con día para salir adelante y llevar el sustento a mi familia, a pesar de tener un sueldo muy bajo que se ha mantenido prácticamente igual durante todos estos años.
Durante este proceso de transición a IMSS-Bienestar, deposité mi confianza e, quien estaba a cargo de Recursos Humanos y, según se nos informó, tenía bajo su responsabilidad gestionar nuestro ingreso. Él conocía nuestra situación, sabía cuánto necesitábamos esta oportunidad y tenía acceso a nuestra información personal, ya que nos solicitó directamente la documentación necesaria para realizar el proceso.
Sin embargo, hoy me encuentro con una realidad que me llena de impotencia, decepción y tristeza. Según la información que he conocido, presuntamente se habrían comercializado más de 50 puestos, beneficiando a personas mientras otros trabajadores, que llevamos años esperando una oportunidad legítima, seguimos en la misma situación.
Durante mucho tiempo acudí a él para preguntar por mi proceso. Se me hacía extraño que personas con menos antigüedad ingresaran antes que nosotros, mientras quienes llevamos 14 años trabajando seguíamos esperando. Cada vez que preguntaba, me decía que ya me había incluido en la lista y que estaba viendo mi situación. Tengo capturas de pantalla y mensajes que respaldan parte de lo que estoy contando.
La última explicación que recibí fue que existía un contrato de la SSY con un convenio vigente hasta el próximo año y que, por ese motivo, todavía no podía pasar a IMSS-Bienestar. Confié en sus palabras, hasta que comencé a darme cuenta de que, posiblemente, solo eran explicaciones para mantenerme esperando y evitar que siguiera preguntando.
Lo que más duele no es solamente la falta de una oportunidad, sino sentir que jugaron con la necesidad y la esperanza de quienes hemos dedicado tantos años de nuestra vida al servicio de la salud.
No escribo esto por envidia ni porque quiera perjudicar a nadie. Lo hago porque considero que las cosas deben hacerse con justicia, transparencia y respeto. Mientras muchos trabajadores tenemos que realizar jornadas extras, hacer sacrificios y buscar la manera de completar nuestros ingresos para mantener a nuestras familias, hay quienes presuntamente se aprovechan de la necesidad de los demás para obtener un beneficio propio.
Esta experiencia también me ha enseñado que no todas las personas que se acercan a nosotros lo hacen con buenas intenciones y que, en ocasiones, quienes tienen la responsabilidad de ayudarnos terminan siendo quienes más nos decepcionan.
Me duele pensar que estas situaciones puedan quedar en silencio, que las injusticias continúen y que, por miedo, conveniencia o intereses personales, algunas personas prefieran no hablar. Yo, sinceramente, he perdido gran parte de la esperanza que tenía en este proceso. Incluso he llegado al punto en el que el miedo a perder mi trabajo ya no es tan grande como la impotencia de seguir viendo estas situaciones.

