Por: Santiago Cid.
En la política yucateca ya no existen las ideologías ni las fronteras partidistas; existe un sindicato transexenal de negocios que cambia de siglas cada seis años para proteger su botín. Hoy, ante la absoluta incapacidad de Morena y del Partido Verde para construir un solo perfil propio que sea medianamente competitivo en la capital del estado, el llamado “Gobierno Paralelo” ha puesto en marcha su maniobra más cínica rumbo al 2027: imponer al eterno saltimbanqui de la política local, Liborio Vidal Aguilar, como su candidato a la alcaldía de Mérida.

La jugada retrata de cuerpo entero la tragedia que vive Yucatán. En el Palacio de Gobierno despacha una figura decorativa: Joaquín “Huacho” Díaz Mena, un gobernador reducido a simple instrumento y espectador de su propia administración, mientras el poder real, la chequera y las decisiones políticas las ejecutan los hermanos Dafne y Víctor López Martínez en sociedad con el verdadero dueño de los contratos de obra pública en los últimos sexenios: el clan empresarial encabezado por Mario Millet Encalada.

Para esa mafia en el poder, que un morenista de cepa pierda Mérida es irrelevante; lo que no pueden permitirse es perder el control del negocio, la extorsión inmobiliaria y el lavado de recursos. Por eso necesitan fabricar un “Candidato Paralelo” hecho a su medida.
¿Y quién mejor para ese papel que Liborio Vidal? Su historial es el monumento viviente al oportunismo sin escrúpulos. Ha militado o sido postulado por el PRI, el PRD, el Verde, el PAN y ahora se viste de guinda en Morena: cinco camisetas distintas con un solo interés personal. Es el mismo personaje que en 2021, auspiciado por el exgobernador panista Mauricio Vila Dosal y su operador Roger Torres Peniche, protagonizó el ridículo nacional de autoproclamarse “indígena maya” para robarse una candidatura a diputado federal, misma que el Tribunal Electoral le revocó por fraudulenta.
Cuando salió por la puerta de atrás tras aquel engaño, Mauricio Vila no lo castigó: lo premió entregándole la Secretaría de Educación del Estado (SEGEY). Ese nombramiento jamás tuvo fines educativos. Sirvió, primero, para que Liborio se cobrara a lo chino con contratos gubernamentales las decenas de millones de pesos que el Estado le adeudaba a su empresa BOMSSA —compañía envuelta en turbios manejos financieros y denuncias de autorrobos—; y segundo, para convertir el presupuesto de las escuelas en la caja chica de su grotesca precampaña a la gubernatura. Hoy la SEGEY sigue arrastrando auditorías abiertas, jineteo de pagos a proveedores y observaciones de la Auditoría Superior de la Federación por boquetes de más de 150 millones de pesos de su gestión que siguen sin aclararse, todo gracias al manto de impunidad que le tiende el actual gobierno.

Pero el dato clave que explica por qué el “Gobierno Paralelo” de Morena rescata hoy al alfil de Mauricio Vila está en sus vínculos subterráneos. La sociedad entre Liborio Vidal, los hermanos López Martínez y el clan Millet viene de lejos: desde que Liborio era diputado federal del PRI y Víctor López operaba a su lado como asesor para bajar recursos federales a los municipios y direccionar la obra pública hacia las empresas de los Millet. Tan carnales son sus negocios que, en plena campaña de 2024, mientras Dafne López coordinaba a “Huacho”, Liborio mantenía a su hermano Víctor cobrando en la nómina de la SEGEY del gobierno panista. Ahí se gestó la estructura de corrupción transexenal que hoy saquea a YUCATÁN.
Sin embargo, el verdadero trasfondo de inflar a Liborio Vidal rumbo a la alcaldía de Mérida no es solo el 2027; es una operación de chantaje y extorsión política rumbo a la gubernatura en el 2030 contra la actual alcaldesa Cecilia Patrón Laviada.

En el proceso pasado, Mauricio Vila ya utilizó a Liborio como ariete interno para desgastar y cerrarle el paso a Cecilia Patrón en la carrera por el Ejecutivo estatal. Hoy, en una alianza perversa y transexenal, el grupo de Vila, el clan Millet y los hermanos López Martínez —usando a Huacho Díaz como títere— reeditaron la jugada. Saben que los números posicionan a Cecilia Patrón hacia la reelección y como puntera natural hacia el 2030; por eso le siembran desde ahora un “Candidato Paralelo” financiado con dinero sucio del erario para presionarla, encarecerle la elección, venderle “estrategias de contención” y obligarla a pactar impunidad y cuotas de negocio con el grupo criminal que detenta el poder económico en el estado.
Lo más indignante de este atraco no es solo el cinismo de los operadores, sino el silencio cobarde, la apatía y la sumisión de las militancias de ambos partidos.
Por un lado, una militancia de Morena humillada y desplazada, que agacha la cabeza mientras los hermanos López y Millet les imponen como abanderado en Mérida a un empresario expriista, experredista, exverde y expanista que representa exactamente la podredumbre que juraron combatir.
Por el otro, una estructura del PAN secuestrada por los intereses de Mauricio Vila, que calla cobardemente mientras su exgobernador y sus socios empresariales operan desde las sombras con el gobierno morenista para chantajear y sabotear a su propia alcaldesa.

Mérida no merece ser la moneda de cambio de una mafia político-empresarial. Imponer a Liborio Vidal es intentar entregarle la capital del estado al empleado favorito de los hermanos López y de los Millet. Si los militantes de Morena y del PAN —y sobre todo los ciudadanos de Mérida— permiten en silencio que el Gobierno Paralelo les imponga ahora un Candidato Paralelo, habrán terminado de entregar el futuro de Yucatán a una red de saqueo que ya ni siquiera se molesta en disfrazar a sus cómplices.
Santiago Cid.


