Por: Santiago Cid.
La renuncia forzada de Guadalupe Taddei Zavala a la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE) no es un triunfo de la ética ni de la rendición de cuentas; es el estallido de una cloaca que ya no pudieron ocultar ni desde Palacio Nacional. Lo ocurrido desnuda el proyecto real de Morena: un régimen que capturó al árbitro electoral tal como secuestró al Poder Legislativo y al Poder Judicial, aniquilando la independencia de los órganos que limitan al Ejecutivo para restaurar en México la Presidencia Imperial de los años setenta, pero hoy recargada con redes de factureras, cinismo oficial y el crimen organizado como socio territorial.
El video que terminó por sepultar a Taddei es el retrato más obsceno de la “austeridad republicana” de la Cuarta Transformación. En él aparece su hijo —funcionario que además cobra en gobiernos morenistas— en la terraza del hotel cinco estrellas Le Meurice en Francia, descorchando champaña junto al contratista favorito al que su madre le entregó cerca de 245 millones de pesos en contratos públicos desde Sonora hasta el INE nacional. “¡París a tus pies, chamaquito!”, le dice el proveedor mientras festejan en una suite de 200 mil pesos por noche pagada con el dinero de la democracia mexicana.
Para dimensionar la aberración moral y política que esto representa, basta cruzar el Atlántico y aterrizar en nuestra realidad local: esos 200 mil pesos que el hijo de Taddei y su contratista derrocharon en una sola noche de hotel en París equivalen exactamente a un mes entero de las prerrogativas de ley que en Yucatán el gobierno morenista de Joaquín “Huacho” Díaz Mena les retiene y niega a partidos políticos como Somos y a otras fuerzas locales.
Mientras en los estados los gobiernos de Morena y sus Gobiernos Paralelos asfixian financieramente a los partidos emergentes y a la oposición reteniendo ilegalmente sus recursos públicos para impedir que compitan, las élites guindas y los familiares de sus altos funcionarios usan el presupuesto electoral para pagarse noches de reyes en Europa y hacer negocios multimillonarios al amparo del poder. Es un atentado directo contra la democracia.

Ante este escándalo monumental, el cinismo presidencial y de sus aliados ha sido insultante. Primero defendieron e impusieron a Taddei sabiendo que su familia entera estaba en la nómina del partido; luego toleraron el saqueo y, solo cuando la podredumbre amenazó con manchar a la Presidencia tras el video de París, salieron a fingir que no querían “ninguna sombra de corrupción”, dejando que renunciara sin que hasta hoy exista un solo detenido ni un solo peso recuperado.
¿Cómo nos enteramos de este saqueo? Nos enteramos única y exclusivamente por investigaciones periodísticas independientes y filtraciones de terceros. Ningún caso de corrupción de militantes de Morena —incluidos los expriistas y expanistas reciclados en sus filas— ha sido descubierto ni castigado jamás por el trabajo de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), la Fiscalía General, la UIF o los órganos internos de control.
En la administración de Morena se ha institucionalizado la no rendición de cuentas y el uso sistemático de empresas fantasma (EFOS) desde el propio gobierno. Ningún funcionario rinde cuentas ni enfrenta responsabilidades porque todos se protegen entre sí dentro de estructuras paralelas que tienen secuestrada a la administración pública. Cabe preguntar con toda dureza: ¿por qué no actúan los auditores y fiscales antes de que estallen los videos en la prensa? ¿Están coludidos en el reparto del botín o están paralizados bajo la amenaza de perder su trabajo y ser perseguidos si se atreven a tocar al clan en el poder?

Más alarmante aún es que la salida de Taddei no limpia al Instituto. ¿Quiénes integran toda la estructura criminal que se quedó incrustada en el INE y en los órganos electorales de cada estado del país? Los desvíos multimillonarios con contratistas que lavaban el dinero del INE no ocurrieron solo en la Ciudad de México; ¿Se operaron en todos los estados como Sonora, Chihuahua, a lo largo de la República en una red de antiguos cómplices de Taddei y de funcionarios sumisos que firmaron, callaron y permitieron el saqueo?
Hoy tenemos el peor de los mundos posibles: un INE que no solo perdió su autonomía y ya no garantiza elecciones libres de la influencia del Gobierno, sino que se convirtió en el Promotor Técnico de la Corrupción Democrática.
Cuando el árbitro encargado de vigilar la legalidad de los comicios es una cueva de lavado de dinero y contratistas fachada, el mensaje para el crimen organizado es de vía libre. Un INE corrompido y arrodillado ante los “Gobiernos Paralelos” es el cómplice perfecto para facilitar la infiltración total del narcotráfico en las elecciones, permitiendo que el dinero del crimen imponga candidatos y capture impunemente municipios, ciudades y estados enteros rumbo al 2027, mientras a la democracia ciudadana en Yucatán le niegan hasta el último peso para sobrevivir.
Santiago Cid.

