Por: Santiago Cid.
Construir un árbitro electoral autónomo y confiable en México costó décadas de sangre, cárcel, persecución y madurez histórica. No fue un regalo del poder; fue una conquista civilizatoria edificada sobre las luchas históricas del PAN —desde las batallas cívicas en Yucatán con Víctor Manuel Correa Rachó, hasta los ayunos de Manuel J. Clouthier—, sobre la cuota de sangre del PRD, que puso más de quinientos muertos en los años noventa defendiendo casillas para que las boletas tuvieran folios y las urnas fueran transparentes, y sobre la visión de Estado de reformistas del PRI que, de Jesús Reyes Heroles a las reformas de 1990 y 1996, entendieron que el gobierno debía sacar las manos de las elecciones para que el país tuviera paz y alternancia.
Gracias a esa estructura democrática y a sus cinco pilares —autonomía, servicio profesional de carrera, certeza en los materiales electorales, transparencia y fiscalización imparcial—, Morena pudo llegar al poder en 2018 con cada uno de sus votos contados y respetados.
Hoy, sin embargo, el régimen guinda ha decidido demoler la escalera por la que subió, no por ignorancia ni por torpeza administrativa, sino de manera premeditada, calculada y profundamente corrupta.
Lo que hoy ocurre en las entrañas del Instituto Nacional Electoral (INE) bajo la presidencia de Guadalupe Taddei Zavala es el retrato más obsceno de la descomposición institucional de México.
La supuesta “árbitro” de la democracia nacional ha sido exhibida festejando en videos, entre abrazos y brindis a la “lealtad”, con su contratista favorito de Cajas Graf y Corporativo Zeg, empresas fachada y entrelazadas a las que se les han entregado cerca de 200 millones de pesos para fabricar el material con el que votamos los mexicanos. Más grave aún: Taddei infiltró al propio representante legal de esas empresas como Director de Administración del INE —poniendo literalmente al contratista a despacharse el presupuesto con la cuchara grande— e involucró a choferes e hijas de sus asesoras en la red de proveeduría, mientras sus propios hijos y sobrinos cobran sueldos de privilegio en altos cargos de gobiernos y dependencias de Morena.

¿Por qué Guadalupe Taddei y la cúpula de Morena se atreven a traficar con contratos multimillonarios y a colocar a toda su parentela en la nómina oficial a plena luz del día? Porque se saben intocables.
En el México actual se ha instaurado el reino de la impunidad absoluta porque el régimen capturó y destruyó todos los órganos de supervisión, transparencia y rendición de cuentas.
Ya no existen auditorías independientes ni revisiones creíbles sobre los órganos públicos ni sobre el propio gobierno. En una red de complicidad mafiosa, la Auditoría Superior, las contralorías, las fiscalías y los tribunales se tapan unos a otros.
Cuando no hay quién vigile al vigilante, en las instituciones públicas todo el mundo hace lo que le da la gana para llenarse los bolsillos, menos cumplir con la responsabilidad de su trabajo.
El daño que esta podredumbre le causa a la democracia mexicana rumbo al 2027 y al 2030 es devastador y abre las puertas al peor de los escenarios: la consolidación del narco-Estado en las urnas.
El trabajo fundamental del INE no es solo instalar mesas de votación; su obligación crítica es fiscalizar cada peso de las campañas para impedir que el dinero sucio del erario o del crimen organizado compre las elecciones.
Pero seamos claros: ¿cómo va a fiscalizar al narcotráfico, a la extorsión y a los desvíos de los Gobiernos Paralelos una presidenta del INE que tiene a sus hijos cobrando en gobiernos de Morena y que está ocupada haciendo negocios millonarios con sus contratistas amigos?

Cuando el árbitro electoral está vendido y corrompido desde la cabeza, se vuelve ciego por consigna.
Esa ceguera premeditada es el salvoconducto perfecto para que los cárteles de la droga, los extorsionadores y las mafias político-empresariales inunden las campañas con dinero ilícito, impongan candidatos, compren conciencias y secuestren alcaldías, gubernaturas y juzgados sin que nadie les revise una sola factura ni les anule una sola candidatura.
Morena prometió acabar con los vicios del pasado, pero terminó secuestrando al árbitro electoral para regresarnos a las épocas más oscuras de la historia mexicana.
Al convertir al INE en una agencia de colocación familiar para el Clan Taddei y en un mostrador de negocios privados sin auditorías reales, el régimen no solo robó el presupuesto público: nos roba el derecho a tener elecciones limpias y libres.
Si la sociedad mexicana y yucateca no despierta ante este asalto premeditado, mañana iremos a las urnas a depositar nuestro voto en cajas de cartón fabricadas por los socios de fiesta de una expresidenta del INE arrodillada ante el poder, mientras el crimen organizado y la corrupción oficial deciden de antemano quién nos gobierna.
Santiago Cid.

