viernes, octubre 23, 2026
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La Nomenklatura de Morena en Yucatán: Liborio Vidal y Huacho Díaz se atienden en clínicas de lujo mientras el pueblo padece el desabasto

Por: Santiago Cid

   En los tiempos de la extinta Unión Soviética, el régimen comunista construyó una de las mentiras más crueles de la historia moderna. En los discursos oficiales, sus líderes juraban haber eliminado los privilegios de la burguesía bajo el dogma de la “austeridad proletaria” y presumían una medicina gratuita e igualitaria para todos. Pero en la práctica operaba una casta intocable llamada la Nomenklatura. Mientras el obrero ruso y su familia hacían filas interminables y morían en hospitales públicos putrefactos donde no había ni jeringas desechables, ni analgésicos, ni antibióticos básicos, los jerarcas del Partido tenían reservada en secreto la “Cuarta Dirección” de Salud: Centros de ultra lujo como el Sanatorio de Barvikha, en Moscú, o los complejos exclusivos de Sochi, con tecnología importada sobre todo de EEUU, habitaciones de cinco estrellas y médicos de élite prohibidos para el pueblo.

   Aquel engaño criminal costó millones de vidas de trabajadores que creyeron en la falsa igualdad de sus gobernantes.

   Hoy, a miles de kilómetros de Moscú y décadas después, esa misma perversidad moral e hipocresía política se ha instalado en México y en Yucatán bajo el disfraz de la llamada Cuarta Transformación. 

   El discurso de Morena, repetido hasta el cansancio por Andrés Manuel López Obrador y hoy por Claudia Sheinbaum Pardo, lleva ocho años predicando la “pobreza franciscana”, satanizando a quien aspira a progresar y prometiendo un sistema de salud público “mejor que el de Dinamarca”.

   Sin embargo, a la hora de la enfermedad, a ningún miembro de la nueva Nomenklatura guinda se le ocurre pisar los hospitales públicos que ellos mismos destruyeron y saquearon.

   El ejemplo empieza desde la cúspide nacional. Mientras en México desaparecían el Seguro Popular y provocaban una tragedia humanitaria dejando a niños sin quimioterapias y a millones de familias sin medicinas, López Obrador utilizó 686 millones de pesos del erario para construirse un hospital de élite del ISSSTE con tecnología de punta a tan solo cinco minutos de su hacienda particular en Palenque, Chiapas. Un sanatorio privado pagado con dinero público para cuidar la salud del caudillo en su retiro, mientras el ciudadano común agoniza esperando una cita en el IMSS.

   En Yucatán y en Mérida, el retrato de esta doble moral es todavía más insultante. Hoy mismo, pese a los intentos desesperados de su equipo por ocultarlo bajo llave, se filtró a los medios de comunicación que Liborio Vidal Aguilar tuvo que ser hospitalizado de emergencia por una angina de pecho y sometido a un cateterismo cardíaco.

   ¿Acaso este personaje —un político originario de Valladolid que ni siquiera es meridano, que amasó su fortuna vendiéndole al gobierno desde el PRI y el PAN, que dejó auditorías abiertas en la Secretaría de Educación y al que hoy el Gobierno Paralelo pretende imponer como candidato de Morena a la alcaldía de Mérida— acudió a atenderse al Hospital O’Horán? ¿Hizo fila en el IMSS o en el ISSSTE como cualquier ciudadano? Por supuesto que no. Corrió a internarse a la Clínica de Mérida, uno de los hospitales privados más caros y elitistas del estado.

   Exactamente lo mismo hizo el actual gobernador Joaquín “Huacho” Díaz Mena. Cuando sufrió su aparatoso accidente automovilístico antes de la elección, el abanderado de “primero los pobres” no confió su vida ni su cirugía reconstructiva a los médicos de los hospitales públicos de Yucatán; fue trasladado de inmediato a una suite del exclusivo hospital privado Star Médica.

   ¿Por qué ni Huacho Díaz, ni su círculo cercano del “Gobierno Paralelo”, ni su flamante aspirante reciclado Liborio Vidal se paran jamás en un hospital público para atenderse? Porque ellos mejor que nadie saben el infierno en el que tienen sumido al sector salud de Yucatán.

   No se atienden en el Hospital O’Horán, ni en el HRAE, ni en los centros de salud de los municipios porque saben que ahí no hay medicamentos, no hay reactivos de laboratorio, los aires acondicionados no sirven, las cirugías se postergan por meses y todos los días mueren ciudadanos yucatecos por falta de atención oportuna. Saben perfectamente que el presupuesto que debía servir para comprar medicinas y salvar vidas del pueblo trabajador se está desviando a través de empresas fantasma y factureras (EFOS) para llenar los bolsillos de la mafia en el poder y financiar campañas políticas como la que quieren armarle a Liborio en Mérida.

   Es la reedición exacta de la tragedia soviética: austeridad, desabasto y muerte para el pueblo; clínicas de cinco estrellas, cateterismos privados y suites de lujo para los jerarcas del partido.

   La lección histórica que nos dejó la caída de la URSS y que hoy debe despertar a los habitantes de Mérida y de todo Yucatán es contundente: cuando un gobernante o un candidato te pide tu voto hablándote de humildad e igualdad, pero educa a sus hijos en el extranjero, vive en mansiones y corre a las clínicas más caras del estado en cuanto le duele el pecho, no estás frente a un servidor del pueblo.

   Estás frente a un farsante de la nueva Nomenklatura que usa la pobreza de la gente como negocio electoral, mientras se paga una vida de emperador con el dinero que le roba a la salud de tus hijos. 

Santiago Cid. 

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